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Si los hombres son todos iguales... (paradojas de la generalización)

Si los hombres son todos iguales...


—Nadie tiene la custodia exclusiva del sufrimiento —dijo la licenciada Safo—. Ahora bien, muchos desengaños amorosos pueden explicarse utilizando un sencillo razonamiento, desde luego, falso, que protege a las mujeres y devasta las creencias del hombre.


Las seguidoras aguardaron pacientemente, como esperando alguna revelación que venga a iluminar los rincones más oscuros de sus propias desventuras. Sabían que un comentario inoportuno, el rechinar de una silla, un suspiro, podían desnaturalizar el hilo de sus razonamientos.

Sin embargo, la licenciada Safo permaneció en silencio bebiendo su té.

Después de un rato, agregó:


—Todo el mundo está de acuerdo en que generalizar sobre cualquier tema es un error, sin embargo, esa postura es también una generalización. Si decimos: TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES, seríamos inmediatamente reprobadas bajo el pretexto de que no se puede generalizar, argumento que difícilmente emplearían nuestros detractores si decimos que TODOS LOS HOMBRES SON CREADOS IGUALES. De modo que el problema no radica en la generalización, sino sobre qué generalizamos.


Una seguidora se atrevió a murmurar:


—Yo creo que las mujeres de hoy en día se atrevan a generalizar de ese modo.

—No cuando las cosas marchan bien —tosió la licenciada—, pero a nivel inconsciente, en lo más recóndito de la mente, cuando un hombre nos decepciona es defícil eludir la certeza atávica de que TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES.

—¿Y lo son?

—Desde luego que no. Pero en este contexto les llevamos una enorme ventaja a los hombres.

—¿A qué se refiere, licenciada?

—A que desde muy jóvenes fuimos inoculadas con el gérmen conceptual de que TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES. Cualquier desengaño, cualquier desarreglo, cualquier desamor, puede ser explicado mediante este simple razonamiento.

—No entiendo cuál es la ventaja, licenciada.

—Que aún en la cima de la dicha subyace en nosotras la idea de que los HOMBRES SON TODOS IGUALES. Eso nos protege.

—¿Y a los hombres?

—A ellos los extravía la creencia ilusoria de que TODAS LAS MUJERES SON DIFERENTES



Crónicas de la licenciada Safo. I Feminología: la mujer en la literatura y el mito.

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Los hombres son como los espejos son igualidos empezando por ti sebantian no te conosco pero me caga!! Att adele