Nombres de Sirenas: etimología y curiosidades.


Nombres de Sirenas: etimología y curiosidades.




Comencemos por enumerar todos los nombres de sirenas, los cuales no son muchos en realidad, y luego analizaremos sus respectivas etimologías, leyendas y algunas curiosidades [ver: El libro de las sirenas]:

  • Aglaope [«la de rostro hermoso»]
  • Aglaophonus [«sonido espléndido»]
  • Leucosia [«la blanca»]
  • Ligeia [«la de voz clara»]
  • Molpe [«canción»]
  • Parthenope [«fragancia de virgen»]
  • Peisinoe [«la que afecta la mente»]
  • Pisínoe [«la persuasiva»]
  • Raidne [«la mejor»]
  • Teles [«la inmejorable»]
  • Telxiepia («la de intensas palabras»]
  • Thelxiope [«voz encantadora»]
  • Thelxinoe [«goce del corazón»]
  • Thelxipea [«encantadora»]

La palabra Sirena proviene del griego seirén (Σειρήν), que significa literalmente «encadenado». Sin embargo, esta etimología es cuestionable, ya que para llegar a ella es necesario relacionar la palabra seirén con el vocablo griego seirá, el cual significa «cadena», «atadura», cuando en realidad el origen de la palabra Sirena no parece provenir del griego, sino de culturas mediterráneas más antiguas [ver: La historia secreta de las sirenas]

En los mitos griegos las Sirenas no tienen la forma que habitualmente les atribuimos. En primer lugar, no poseen ningún rasgo marino, por el contrario, suelen ser representadas como mujeres con cuerpo de de ave, y su función parece haber sido transportar los espíritus de los muertos. La cola de pez se integró mucho tiempo después, y ninguno de los nombres de Sirenas clásicos hace mención a este atributo.

Es decir que, originalmente, las Sirenas eran seres con cuerpo de pájaro, y solo el rostro, y a veces el torso, eran de mujer. Pero su rasgo más preponderante, la voz, sí está presente en los mitos más antiguos. Las Sirenas se distinguían por tener una voz musical, hipnótica, con la cual atraían a los marineros a su pequeña isla frente a Sorrento, en el Mediterráneo.

Si bien nuestra lista de nombres de Sirenas parece demasiado exigua, lo cierto es que el número de estas criaturas era aun menor en los mitos clásicos. Tanto es así que los nombres de las sirenas, y su número, son variables, pero no superan la docena.

Lo más frecuente, sin embargo, es considerar que las Sirenas son apenas tres, las cuales estaban permanentemente vinculadas, o «atadas» [de ahí el posible vínculo etimológico con seirá, «atadura»] a determinados escollos marinos. Desde allí las Sirenas atraían a los marineros con su irresistible canto, haciendo que sus barcos encallaran y luego devorándolos. El mito presenta una paradoja, ya que afirma que nadie podía escuchar el canto de las Sirenas sin verse atraído hacia ellas y ser devorado, lo cual hace que nadie [vivo, al menos] sepa exactamente si su canto era de hecho hermoso [ver: Vepar: la sirena que se enamoró de un hombre mortal]

La función más antigua de las Sirenas era trasportar las almas de los muertos hacia el Hades. Es decir, eran criaturas apotropaicas que guardaban la entrada al inframundo. Los griegos, sin embargo, les fueron atribuyendo las típicas características de sus monstruosidades femeninas, como las Arpías, las Grayas y las Gorgonas; las cuales son seres cuya peligrosidad se basa más en la astucia y el engaño que en la fuerza bruta.

Así como era peligroso mirar a las Gorgonas, era fatal oír a las Sirenas; y esto solo parece haber sido peligroso para los hombres. El mensaje aquí es claro: las Sirenas [y todos los seres femeninos de los mitos griegos] eran monstruosas porque eran mujeres y astutas. Por otro lado, el monstruo masculino promedio [como los Cíclopes, por ejemplo] era peligroso únicamente por su fuerza bruta, pero carece de inteligencia.

Una mirada más sutil diría que en esto último radica su monstruosidad para la mirada de los griegos, en el hecho de ser varón y carecer de inteligencia.

El héroe griego suele ser capaz de vencer a cualquier tipo de monstruosidad, pero en el caso del monstruo femenino a menudo requería el consejo de otra mujer para vencerla. En este contexto, las Sirenas han sido vencidas muy pocas veces en los mitos. De hecho, solo fueron derrotadas dos veces; una por Orfeo, otra por Odiseo [ver: El libro de las sirenas: el secreto mejor guardado de Odiseo]

Fue recién en la Edad Media cuando las Sirenas fueron confundidas con otras criaturas femeninas de los mitos griegos, como las nereidas, náyades y ninfas, adquiriendo de este modo el aspecto mitad-mujer, mitad-pez que actualmente las caracteriza [ver: Asradi: las sirenas de la mitología nórdica]. No sabemos exactamente cuándo perdieron las alas, tampoco cuándo su carácter, más bien áspero, se volvió seductor. La imagen medieval de una hermosa Sirena tomando sol sobre una roca hubiese sido extraña para los griegos, quienes representaban sus guaridas como cubiertas de restos óseos, macabros despojos de los banquetes que las Sirenas se daban con los cuerpos expuestos por los naufragios.

Es probable que hayan sobrevivido tan pocos nombres de Sirenas porque estas tan conocidas en el mundo antiguo que los escritores ni siquiera se molestaban en mencionarlas directamente. Todos las conocían a la perfección. Eurípides, uno de los pocos que se atreve a darnos un par de nombres de Sirenas, suele referirse a ellas con el epíteto «jóvenes vírgenes» (παρθηνικοι κοραι), identificándolas de este modo con Islas Bienaventuradas comentadas por Platón.

Además de contar con muy pocos nombres de Sirenas, su origen y número también son inciertos. Algunos mitos afirman que las Sirenas son hijas de Aqueloo o de Forcis, o de las musas Tepsícore, Melpómene y Estérope [relacionadas con la danza y la canción] Su número es impreciso, y varía entre dos y cinco; o entre tres y doce. Además, en ningún mito se menciona que sean una raza en sí misma, de modo tal que no podían reproducirse.

Los nombres de sirenas escasean en los mitos, y muy pocos de ellos se conservan en su forma original. Entre ellos está Agláope («la de rostro hermoso»), Telxiepia («la de intensas palabras»), Telxínoe («goce del corazón»), Pisínoe («la persuasiva»), Parténope («fragancia a vírgen»), Leucosía («la pura»), Molpe («la musa»), Radne («mejoramiento»), Teles («la inmejorable») y Ligeia («la de voz clara»), nombre utilizado por Edgar Allan Poe en uno de sus mejores cuentos: Ligeia (Ligeia).

Lo único cierto sobre las Sirenas es el aura de melancolía y peligro, de tristeza y fascinación que las rodea. Se dice que perdieron sus plumas a causa de la furia de Deméter, indignada luego de enterarse que las Sirenas presenciaron el rapto de Perséfone sin ayudarla. Otros destinos igualmente ingratos anuncian que las Sirenas fueron castigadas por perder una competencia contra las Musas; y que cuando Jasón y los Argonautas pasaron por su isla, el prodigioso Orfeo silenció sus voces con el arte de su lira. Más adelante, Odiseo, poéticamente más cruel, se hizo atar al mástil de su navío para escuchar el canto de las Sirenas, pero se abstuvo de comentar algo al respecto.

La mayoría de los mitos coinciden en que las Sirenas se suicidaron después de que Odiseo las venció. Algunos hablan de una profecía, la cual decía que si alguien escuchaba sy Canto y vivía, las Sirenas perecerían en su lugar. Sin embargo, esta leyenda ignora el hecho de que Butes ya había escuchado el Canto de las Sirenas una generación antes que Odiseo, y que sobrevivió. En este punto podemos pensar que las Sirenas fraguaron su suicidio, haciéndole creer a Odiseo que había vencido, porque algún tiempo después, según algunos autores, Telémaco, el hijo del héroe, fue asesinado por las Sirenas cuando estas descubrieron quién era su padre [ver: La verdadera historia de La Sirenita]





Mitología. I Seres mitológicos.


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