La imposibilidad de un Dios justo.


La imposibilidad de un Dios justo.




Salimos del bar y caminamos en dirección al parque. El sol, los pájaros, las mujeres, invitaban a la esperanza.

Al cruzar la calle vimos cómo un automóvil embestía fatalmente contra un anciano. A la deshonra de la colisión se sumó el innoble desparramo de sus objetos personales: un peine, recortes de un periódico, el cristal de sus anteojos.

Luego oímos las bocinas, las ambulancias, la indignación pedestre que rápidamente se convirtió en una morbosidad pasajera, la policía que apresó al conductor, ebrio y presumiblemente incapaz de comprender lo irreversible de su acto.

Uno de los acólitos dijo:

—Cuando ocurren estas cosas temo que Dios no exista.

El profesor Lugano replicó.

—Yo temo que sí exista, y así y todo ocurran estas cosas.




La filosofía del profesor Lugano. I Egosofía.


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1 comentarios:

Unknown dijo...

Muy interesante la filosofía del profesor lugano, lo hace a uno pensar



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