La Esencia de la Poesía.
De las verdades intuidas en un poema.
Gustavo Adolfo Becquer tuvo una visión, no un sueño o una alucinación, sino una profunda percepción de la realidad del universo. De aquella visión apenas sobreviven algunos versos que intentaron ponerla en palabras.
Nosotros, que profesamos una creencia tan heterodoxa como desconfiada, no intentaremos analizar este hermoso poema; estudio que dejamos para mentes más despiertas y académicas. El Espejo, casi como un reflejo de nuestra inconstancia, hoy prefiere reservarse cualquier introducción o exordio, y simplemente disfrutar de la melodía que nos propone nuestro amigo Gustavo Adolfo Becquer.
Nosotros, que profesamos una creencia tan heterodoxa como desconfiada, no intentaremos analizar este hermoso poema; estudio que dejamos para mentes más despiertas y académicas. El Espejo, casi como un reflejo de nuestra inconstancia, hoy prefiere reservarse cualquier introducción o exordio, y simplemente disfrutar de la melodía que nos propone nuestro amigo Gustavo Adolfo Becquer.
Espíritu sin Nombre.
Gustavo Adolfo Becquer.
Gustavo Adolfo Becquer.
Espíritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.
Yo nado en el vacío del sol,
tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.
Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.
Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea,
yo soy del astro errante
la luminosa estela.
Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul hondo en los mares
y espuma en las riberas.
En el laúd soy nota,
perfume en la violeta,
fugaz llama en las tumbas
y en las ruinas yedra.
Yo atrueno en el torrente
y silbo en la centella
y ciego en el relámpago
y rujo en la tormenta.
Yo río en los alcores,
susurro en la alta hierba,
suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca.
Yo ondulo con los átomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.
Yo en los dorados hilos
que los insectos cuelgan
me agito entre los árboles
en la ardorosa siesta.
Yo corro tras las ninfas
que en la corriente fresca
del cristalino arroyo
desnudas juguetean.
Yo en bosques de corales
que alfombran blancas perlas,
persigo en el océano
las náyades ligeras.
Yo en las cavernas cóncavas
donde el sol nunca penetra,
mezclándome a los gnomos
contemplo sus riquezas.
Yo busco de los siglos
las ya borradas huellas
y sé de esos imperios
de que ni el nombre queda.
Yo sigo en raudo vértigo
los mundos que voltean,
y mi pupila abarca
la creación entera.
Yo sé de esas regiones
a donde el rumor no llega,
y donde informes astros
de vida un soplo esperan.
Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa,
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra.
Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.
Yo en fin soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
del que es vaso el poeta.
Gustavo Adolfo Becquer.
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2 comentarios:
Hermoso poema con un verso final tambien muy bello....Muy linda también la nueva cara del espejo, Felicitaciones! (ando comentador hoy, ojalá estas palabras justifiquen ausencias futuras)
Su ausencia siempre será lamentada por estos lugares, amigo Nekro, y usted lo sabe.
La verdad es que no estoy muy conforme con nuestro nuevo marco. Pero claro, mi habilidad en este campo es muy cuestionable.
Desde ya que se aceptan propuestas...
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