«Los ojos hacen algo más que mirar»: Isaac Asimov; relato y análisis


«Los ojos hacen algo más que mirar»: Isaac Asimov; relato y análisis.




Los ojos hacen algo más que mirar (Eyes Do More Than See) es un relato fantástico del escritor ruso Isaac Asimov (1920-1992), publicado originalmente en la edición de abril de 1965 de la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction, y luego reeditado en la antología de 1966: Más allá de la cortina de la oscuridad (Beyond the Curtain of Dark).

Los ojos hacen algo más que mirar, quizás uno de los cuentos de Isaac Asimov menos reconocidos, nos sitúa en un porvenir muy lejano, billones de años en el futuro, donde los humanos han abandonado su forma física y existen como entidades de energía que se mueven con absoluta libertad por el universo.

Dos de estas entidades —Ames y Brock— resuelven manipular, otra vez, la materia física. Ames crea entonces la escultura de una cabeza humana. Brock, que una vez fue mujer, recuerda dolorosamente su pasado físico y el amor que entonces sintió, millones de años atrás. Ella le agrega lágrimas a la cabeza y luego huye. Ames, perplejo, recuerda que una vez fue un hombre, y parte en búsqueda de Brock.

Los ojos hacen algo más que mirar de Isaac Asimov se inscribe claramente en el relato de ciencia ficción, pero el autor también le añade ingredientes casi mitológicos, en los que estos Adán y Eva del futuro, que han trascendido la materia y habitan como entidades completas en la Quinta Dimensión, comienzan a añorar el retorno a una forma de vida más primitiva, es cierto, pero también más apta para las emociones y los sentimientos.




Los ojos hacen algo más que mirar.
Eyes Do More Than See, Isaac Asimov (1920-1992)

Después de cientos de billones de años, pensó de súbito de sí mismo como Ames. No la combinación de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames, sino el sonido en sí propio. Una clara memoria trajo las ondas sonoras que él no oyó ni pudo oír.

El nuevo proyecto había estado aguzando su memoria más allá de los más viejos eones. Allanó el vórtice energético que recubría la suma de su individualidad y las líneas de fuerza se extendieron más allá de las estrellas.

La señal de respuesta de Brock vino. Con seguridad, pensó Ames, él podía hablar con Brock. Con seguridad podía él hablar con cualquiera.

Los modelos de energía enviados por Brock, comunicaron:

—¿Te acercas, Ames?

—Naturalmente.

—¿Tomarías parte en la contienda?

—¡Sí! —Las líneas de fuerza de Ames se movieron irregularmente—. He pensado en una forma artística completamente nueva. Algo realmente insólito.

—¡Qué derroche de esfuerzo! ¿Cómo puedes creer que una nueva variante pueda ser concebida tras doscientos billones de años? Nada puede haber que sea nuevo.

Por un momento Brock quedó fuera de fase y comunicación, y Ames se apresuró en ajustar sus líneas de fuerza. Captó la dirección de los pensamientos de otros emanadores mientras lo hacía; captó la poderosa visión de la anchurosa galaxia contra el terciopelo de la nada, y las líneas de fuerza pulsada sin fin por multitudinaria vida energética y discurriendo entre las galaxias.

—Por favor, Brock —dijo Ames—, absorbe mis pensamientos. No los evites. He estado pensando en manipular la Materia. ¡Imagínate! Una sinfonía de Materia. ¿Por qué molestarse con Energía? Claro que nada hay de nuevo en la Energía. ¿Cómo podía ser de otro modo? ¿No nos enseña esto que debemos planificar la Materia? ¡La Materia!

Ames interpretó las vibraciones energéticas de Brock como un tinte de disgusto.

—¿Por qué no? —dijo—. Nosotros mismos fuimos Materia en otro tiempo, mucho tiempo. ¡Oh, quizás un trillón de años atrás! ¿Por qué no erigir objetos en un medio Material, o con formas abstractas, o, escucha, Brock, ¿por qué no construir una imitación nuestra en Materia, una Materia a nuestra imagen y semejanza, tal cómo solíamos ser?

—No recuerdo cómo fuimos —dijo Brock—. Nadie lo recuerda.

—Yo lo recuerdo —dijo Ames con ímpetu—. No he pensado sino en eso y estoy comenzando a recordar. Brock, déjame que te lo muestre. Dime si obro bien. Dímelo.

—No. Es ridículo. Es... repulsivo.

—Déjame intentarlo, Brock. Hemos sido amigos; desde los comienzos pulsamos juntos nuestra energía, desde el momento en que llegamos a ser lo que ahora somos. ¡Por favor, Brock!

—De acuerdo, pero rápido.

Ames no había sentido tal temblor a lo largo de sus líneas de fuerza desde... ¿desde cuándo? Si lo intentaba ahora para Brock y obtenía fruto, se atrevería a manipular la Materia en presencia de la reunión de seres Energéticos que durante tanto tiempo esperaban algo nuevo.

La Materia permanecía raía entre las galaxias, pero Ames la reuniría, la conjuntaría más allá de los años-luz, escogiendo los átomos, dotándola de consistencia y conformándola en sentido ovoide.

—¿No lo recuerdas, Brock? —preguntó suavemente—. ¿No era algo parecido?

El vórtice de Brock tembló al entrar en fase.

—No me obligues a recordar. No recuerdo nada.

—Había una cúspide y ellos la llamaban cabeza. Lo recuerdo tan claramente como te lo digo ahora. Mira, ¿recuerdas eso?

Sobre la cima del ovoide apareció la CABEZA.

—¿Qué es? —preguntó Brock.

—La palabra que designa la cabeza. Los símbolos que significan la palabra sonora. Dime qué recuerdas, Brock.

—Hay algo más —dijo Brock con dudas—, algo en medio.

Una forma abultada surgió.

—¡Sí! —dijo Ames—. ¡Es la nariz!

Y la palabra NARIZ apareció en su lugar.

—Y también había ojos en otra parte.

OJO IZQUIERDO. OJO DERECHO.

Ames contempló lo que había conformado, sus lineas de fuerza pulsando lentamente. ¿Estaba seguro de que era así?

—Boca —dijo luego—, y mandíbula, y nuez de Adán, y clavículas. ¿Cómo si no podrían venir las palabras?

Y todo esto apareció en la forma ovoide.

—No había pensado en estas cosas desde hace cientos de billones de años —dijo Brock—. ¿Por qué haces que las recuerde? ¿Por qué?

Ames permanecía sumido momentáneamente en sus pensamientos.

—Algo más. Órganos para oír. Algo para recoger los sonidos. ¡Oídos! ¿Dónde estaban? ¡No puedo recordar dónde estaban!

—¡Déjalo! —gritó Brock—. ¡Olvídate de los oídos y todo lo demás! ¡No recuerdes!

—¿Qué hay de malo en recordar? —dijo Ames. desconcertado.

—El exterior no era rugoso y frío como eso, sino cálido y suave. Los ojos respiraban ternura y estaban vivos y los labios de la boca temblaban y eran blandos sobre los míos —Las lineas de fuerza de Brock golpeaban y se agitaban, golpeaban y se agitaban.

—¡Lo lamento! —dijo Ames—. ¡Lo lamento!

—Me has recordado que en otro tiempo fui mujer y supe amar; esos ojos hacían algo mas que mirar y no había nadie que lo hiciera por mi.

Con violencia, ella añadió una porción de materia a la rugosa y áspera cabeza y dijo:

—Ahora, déjalos que lo hagan —y desapareció.

Y Ames vio y recordó que en otro tiempo, también, fue un hombre. La fuerza de su vórtice partió la cabeza en dos y se lanzó a través de las galaxias siguiendo huellas de la energía de Brock, de vuelta a la infinita amenaza de la vida.

Y los ojos de la hendida cabeza de Materia todavía centelleaban con lo que Brock había colocado allí en representación de las lagrimas. La cabeza de Materia hizo lo que los seres de energía ya no podían hacer y lloraron por toda la humanidad y por la frágil belleza de los cuerpos que otrora fueron, un trillón de años atrás.

Isaac Asimov (1920-1992)




Relatos góticos. I Relatos de Isaac Asimov.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Isaac Asimov: Los ojos hacen algo más que ver (Eyes Do More Than See), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Un sombrío y magistral relato de Asimov.
Alguna vez lo adapté a historieta.



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