«Alonso el brazo y la bella Imogina»: Matthew Lewis; poema y análisis.


«Alonso el brazo y la bella Imogina»: Matthew Lewis; poema y análisis.




Alonso el brazo y la bella Imogina (Alonzo the brave and the Fair Imogine) es un poema gótico del escritor inglés Matthew Lewis (1775-1818), escrito en 1796.

Alonso el brazo y la bella Imogina, uno de los mejores poemas de Matthew Lewis, es parte de la novela gótica de 1796; El monje (The Monk) y constituye uno de los motivos tradicionales de la literatura gótica, especialmente aquellos relacionados con el amor de ultratumba.




Alonzo el bravo y la bella Imogina.
Alonzo the brave and the Fair Imogina, Matthew Lewis (1775-1818)

Un aguerrido soldado y una radiante doncella
Conversaban sentados en la hierba.
Con tierno gozo se miraban;
Alonso el Bravo se llamaba el caballero;
La doncella, la hermosa Imogina.

«¡Ay! –dice el joven–, mañana partiré
A luchar en lejanas tierras;
Pronto acabarán vuestros llantos por mi ausencia,
Otro os cortejará, y vos concederéis
A más rico pretendiente vuestra mano.»

«¡Oh, dejad esos recelos –dijo la hermosa Imogina–,
Que ofenden al amor y a mí!
Pues ya estéis vivo o muerto,
Os juro por la Virgen que nadie en vuestro lugar
Será esposo de Imogina.
«¡Si alguna vez, movida por el placer o la riqueza,
Olvídase a mi Alonso el Bravo,
Quiera Dios que para castigar mi orgullo,
Vuestro espectro en mis nupcias se presente
Y me acuse de perjurio, me reclame como esposa,
Y me arrastre con él a su tumba!»

A Palestina marchó el héroe esforzado;
Su amor lloró la doncella amargamente;
Pero apenas transcurridos doce meses,
Se vio a un barón cubierto de oro y joyas
Llegar a la puerta de la hermosa Imogina.

Su tesoro, sus regalos, su dilatado dominio
No tardaron en hacerla quebrar sus votos;
Le deslumbró los ojos, le ofuscó el cerebro;
Y conquistó su ligero y vano afecto,
Y la llevó a su casa como esposa.

Bendecido el matrimonio por la iglesia,
Ahora empezaba el festín.
Las mesas gemían con el peso de los manjares,
Aún no había cesado la diversión y la risa,
Cuando la campana del castillo dio la una.

Entonces vio la hermosa Imogina con asombro
A un extraño junto a ella;
Su gesto era terrible; no hizo ruido,
Ni habló, ni se movió, ni se volvió en torno suyo,
Sino que miró gravemente a la esposa.

Tenía la visera bajada, y era gigantesco;
Y su armadura parecía negra;
Toda risa y placer se acalló con su presencia,
Los perros retrocedieron al verle;
¡Las luces se volvieron azules!
Su presencia pareció paralizar todos los pechos.

Los invitados enmudecieron de terror.
Por último habló la esposa, temblando:
«¡Señor caballero, quitaos ya vuestro yelmo,
Y dignaos compartir nuestra alegría!».
La dama guarda silencio; el extraño obedece,
Y levanta lentamente su visera.

¡Oh, Dios! ¡Qué visión presenció la hermosa Imogina!
¡Cómo expresar su estupor y desmayo,
Al descubrir el cráneo de un esqueleto!
Todos los presentes gritaron aterrados.
Todos huyeron despavoridos. Los gusanos entraban y salían,
Y se agitaban en las cuencas y las sienes,
Mientras esto decía el espectro a Imogina:

«¡Mírame, perjura! ¡Mírame! –exclamó–,
¡Recuerda a Alonso el Bravo!
Dios permite castigar tu falsedad,
Mi espectro viene a ti en tu boda,
Te acusa de perjurio, te reclama como esposa,
¡Y va a llevarte a la sepultura!».

Dicho esto, rodeó a la dama con sus brazos,
Que profirió un grito al desmayarse,
Y se hundió con su presa en el suelo abierto.
Nunca volvieron a ver a la hermosa Imogina,
Ni al espectro que por ella vino.
No vivió mucho el barón, que desde entonces
No quiso habitar más el castillo.

Pues cuentan las crónicas que, por orden sublime,
Imogina sufre el dolor de su crimen
Y lamenta su destino deplorable.
A medianoche, cuatro veces al año, su espectro,
Cuando duermen los mortales,
Ataviada con su blanco vestido de esposa
Aparece en el castillo con el caballero–esqueleto
Y grita mientras él la acosa.

Mientras, bebiendo en los cráneos sacados de las tumbas,
Se ven danzar espectros en torno a ellos.
Sangre es su bebida, y este horrible canto entonan:
«¡A la salud de Alonso el Bravo,
Y su esposa la falsa Imogina!».


A warrior so bold and a virgin so bright
Conversed, as they sat on the green;
They gazed on each other with tender delight:
Alonzo the Brave was the name of the knight,
The maid’s was the Fair Imogine.
— “And, oh!” said the youth, “since to-morrow I go
“To fight in a far-distant land,
“Your tears for my absence soon leaving to flow,
“Some other will court you, and you will bestow
“On a wealthier suitor your hand.” —
— “Oh! hush these suspicions,” Fair Imogine said,
“Offensive to love and to me!
“For, if you be living, or if you be dead,
“I swear by the Virgin, that none in your stead
“Shall husband of Imogine be.
“And if e’er for another my heart should decide,
“Forgetting Alonzo the Brave,
“God grant, that, to punish my falsehood and pride,
“Your ghost at the marriage may sit by my side,
“May tax me with perjury, claim me as bride,
“And bear me away to the grave!” —
To Palestine hasten’d the hero so bold;
His love she lamented him sore:
But scarce had a twelvemonth elapsed, when behold,
A Baron all cover’d with jewels and gold
Arrived at Fair Imogine’s door.
His treasure, his presents, his spacious domain,
Soon made her untrue to her vows:
He dazzled her eyes; he bewilder’d her brain;
He caught her affections so light and so vain,
And carried her home as his spouse.
And now had the marriage been bless’d by the priest;
The revelry now was begun:
The tables they groan’d with the weight of the feast;
Nor yet had the laughter and merriment ceased,
When the bell of the castle toll’d — “one!”
Then first with amazement Fair Imogine found
That a stranger was placed by her side:
His air was terrific; he utter’d no sound;
He spoke not, he moved not, he look’d not around,
But earnestly gazed on the bride.
His vizor was closed, and gigantic his height;
His armour was sable to view:
All pleasure and laughter were hush’d at his sight;
The dogs, as they eyed him, drew back in affright;
The lights in the chamber burnt blue!
His presence all bosoms appear’d to dismay;
The guests sat in silence and fear:
At length spoke the bride, while she trembled: — “I pray,
“Sir Knight, that your helmet aside you would lay,
“And deign to partake of our cheer.” —
The lady is silent: the stranger complies,
His vizor he slowly unclosed:
Oh! then what a sight met Fair Imogine’s eyes!
What words can express her dismay and surprise,
When a skeleton’s head was exposed!
All present then utter’d a terrified shout;
All turn’d with disgust from the scene.
The worms they crept in, and the worms they crept out,
And sported his eyes and his temples about,
While the spectre address’d Imogine:
“Behold me, thou false one! behold me!” he cried;
“Remember Alonzo the Brave!
“God grants, that, to punish thy falsehood and pride,
“My ghost at thy marriage should sit by thy side,
“Should tax thee with perjury, claim thee as bride,
“And bear thee away to the grave!”
Thus saying, his arms round the lady he wound,
While loudly she shriek’d in dismay;
Then sank with his prey through the wide-yawning ground:
Nor ever again was Fair Imogine found,
Or the spectre who bore her away.
Not long lived the Baron: and none since that time
To inhabit the castle presume;
For chronicles tell, that, by order sublime,
There Imogine suffers the pain of her crime,
And mourns her deplorable doom.
At midnight four times in each year does her sprite,
When mortals in slumber are bound,
Array’d in her bridal apparel of white,
Appear in the hall with the skeleton-knight,
And shriek as he whirls her around.
While they drink out of skulls newly torn from the grave,
Dancing round them pale spectres are seen:
Their liquor is blood, and this horrible stave
They howl: — “To the health of Alonzo the Brave,
“And his consort, the False Imogine!”


Matthew Lewis (1775-1818)




Poemas de Matthew Lewis. I Poesía góticos.


El resumen y análisis del poema de Matthew Lewis: Alonso el bravo y le bella Imogina (Alonzo the brave and the Fair Imogina) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

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