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El hombre lobo de Auvernia

La mujer lobo de Auvernia.



El caso de la mujer lobo de Auvernia, Francia, fue reportado por el demonólogo Henri Boguet en su libro prohibido de 1602: El discurso de los brujos (Discours des Sorciers).

Henri Boguet reportó tardíamente este caso de licantropía, que se produjo en 1558. 

De acuerdo a su crónica los hechos se desarrollaron del siguiente modo:

En las afueras de Auvernia, Francia, un caballero contrató a un cazador local para obtener algunas presas típicas de la región, según Henri Boguet, con la intención de engrosar su colección.

El cazador aceptó y se internó en los espesos bosques de Auvernia. Allí pasó el día entero, acechando en la espesura, sin detectar siquiera el más discreto canto de las aves. 

De hecho, parecía que todos los animales del bosque guardaban silencio.

Al atardecer, ya convencido de que no obtendría ninguna presa, el cazador inició el camino de regreso a la aldea. Entonces fue atacado por un enorme lobo.

El lobo lo tomó por sorpresa, ya con su arco guardado y sus cuchillos envainados, de modo que debió defenderse con sus propias manos. Con un movimiento desesperado finalmente logró desenvainar un cuchillo y cortar de un solo golpe una de las garras de la bestia.

Con un aullido aterrador, que sonó como una promesa de revancha, el lobo escapó.

Aquello terminó siendo un golpe de suerte, creyó el cazador, ya que al menos ahora podría llevarle al caballero la poderosa garra que le había amputado al lobo. La colocó cuidadosamente en su bolsa de caza y se dirigió al domicilio de aquel hombre.

Fue recibido cordialmente, aunque con cierta decepción por el escaso botín. Cuando el cazador introdujo la mano en su bolsa de caza para entregar la garra tanteó algo extraño.

Lo que extrajo no era en absoluto la poderosa garra de un lobo, sino una mano de una mujer humana limpiamente cortada a la altura de la muñeca.

Mayor estupor experimentó el buen caballero, que reconoció en aquella delicada mano femenina el anillo de su propia esposa.

Lleno de horror, y acaso de indignación, el caballero llamó a su esposa. Uno de los criados le informó que la señora se encontraba en cama, con un terrible brote de fiebre. No hicieron falta demasiadas elucubraciones para descubrir que a la mujer le faltaba una mano.

No hubo necesidad de mayores pesquisas. La propia mujer confesó que habitualmente se convertía en lobo para asistir al Sabbat, y que bajo esa forma horrenda capturaba y se alimentaba de los caminantes incautos del bosque de Auvernia.

Según comenta Henri Boguet, el proceso fue rápido y sin concesiones, a pesar de que la confesión del pecado de brujería habitualmente conducía a la cárcel y no a la pira. 

Tras tomarle testimonio la mujer lobo de Auvernia fue condenada al fuego por los inquisidores de Ryon.





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