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La segunda muerte

La segunda muerte.


Existe una segunda muerte, más silenciosa e inadvertida, que se produce tan repentinamente como la primera aunque sin dejar deudos, ni entierros, ni funerales, ni amenas conversaciones acerca de las bondades retrospectivas del difunto.

Esta segunda muerte sucede tiempo después de la desaparición física de la persona. En algunos casos ocurre casi de inmediato, en otros, se produce varios años, e incluso generaciones después; y consiste en la cesación del nombre, y acaso del espiritu del fallecido.

La segunda muerte, a la que todos estamos sujetos aún en la celebridad más dilatada, ocurre casi como una fuerza imparable. El profesor Lugano ha imaginado la siguiente secuencia para explicarla:

Alguien muere.

Las personas que lo conocieron mueren.

Las personas que conocieron a los que lo conocieron mueren.

Las personas que conocieron a los que conocieron a los que lo conocieron mueren.

¿En qué consiste la segunda muerte?

Su nombre jamás volverá a ser pronunciado.


El profesor Lugano incluso ha calculado un algoritmo para promediar la segunda muerte que nos aguarda inexorablemente, llegando a la conclusión de que todos seremos prolijamente olvidados unos cien años después de nuestra desaparición física.

Desde aquí discrepamos modestamente con el profesor, siempre empeñado en recordar sucesos miserables y omitir otros de mayor relevancia histórica.

La segunda muerte no consiste en el olvido, sino en la muerte del recuerdo.

Efectivamente, llegará el día en el que todas las personas que nos conocieron morirán, y con ellas todos los recuerdos, buenos y malos, que hallamos dejado en ellas. Pero con la desaparición de esta corte también desaparecerá algo más: nuestro nombre.

El mundo seguirá girando sin personas que nos hayan conocido. Nadie sobre el globo tendrá una anécdota sobre nosotros, sobre nuestras miserias y aciertos casuales.

Cuando la Tierra amanezca sobre un horizonte en donde nadie nos conozca moriremos por segunda vez, y acaso entonces seremos libres.


El artículo: La segunda muerte fue realizado por Lord Aelfwine para El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermosa reflexión y triste pero realista la observación de Lugano. No tan triste si se tiene un verdadero credo en lasleyes universales. La eenergía no se crea ni se destruye, se transforma. Para quien cree en el karma y en la multiplicidad dimensional de trascender espacio y tiempo no se siente tan trágico, son las leyes de la vida. Nuestro recuerdo es nuestro, para que dedicar tiempp a los recuerdos de otros o acaso a los de uno mismo? La vida está latiendo en un solo momento verdadero y real, justamente ahora! Los recuerdos son buenos como punto de partida, si se atesoran hacen peligrar lo que nunca se repetira..este momento
Pues para morir el único requisito es estar vivo
No impprta edad lugar ni si tienes una buena vida. Como bien he leído ese momento igualmente llegará. Y lo impprtante es sentir cada momento con plena conciencia y enseñar los verdaderos principios del vivir a la descendencia, pues la herencia si llevará nuestra esencia si es de buena semilla por un siglo o acaso mas.