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Allison V. Harding: la reina de Weird Tales

Allison V. Harding: la reina de Weird Tales.

Weird Tales fue el vértice cósmico del relato pulp, hacedora de incontables misterios narrativos. Uno de ellos, sin embargo, excede el ámbito de sus páginas amarillentas y se proyecta más allá. 

Durante más de una década Weird Tales tuvo una reina, una reina secreta, enigmática, sobre la que poco (o nada) se sabe. Su seudónimo era Allison V. Harding.

Allison V. Harding fue una de las escritoras más prolíficas de Weird Tales. Entre 1943 y 1951 publicó alrededor de 36 relatos en la revista; mucho más que cualquier otra mujer, entre ellas, Catherine L. Moore, Sonia Greene (esposa de H.P. Lovecraft), Margaret St. Clair, e incluso más que muchos autores reconocidos, como E. Hoffmann Price, David H. Keller, Frank Belknap Long, Carl Jacobi y Ray Bradbury.

Su primer éxito fue El hombre húmedo (The Damp Man), una especie de acosador de mujeres indestructible -y notablemente gelatinoso- publicado en la edición de julio de 1947 de Weird Tales. A pesar de que este caballero indeseable fue prolijamente masacrado al final del cuento, retornó en dos ocasiones para alegría de lectores y comedidos: El hombre húmedo regresa (The Damp Man Returns), en septiembre de 1947; y Nuevamente el hombre húmedo (The Damp Man Again) en mayo de 1949.

El último relato publicado de Allison V. Harding fue Alcance (Scope), en enero de 1951. Después de él, Allison V. Harding desapareció para siempre de Weird Tales. Más aún, su seudónimo jamás volvió a firmar cuento alguno, nunca se realizó una antología sobre su obra, por cierto, muy popular por aquellos años, y mucho menos una entrevista.

Algunos estudiosos de la cultura del relato pulp sugieren que Allison V. Harding nunca existió. Sería, en cambio, el seudónimo de Jean Milligan. Según Sam Moskowitz (1920-1997), autor de numerosos ensayos sobre la orbita de Weird Tales, Jean Milligan ejerció como abogada en la ciudad de Nueva York durante los años 40'. Esto es lo único que se sabe con certeza sobre su vida. Incluso cuando se pudo acceder a los archivos de Leo Margulies, editor en jefe de Weird Tales, la ficha personal de Jean Milligan apareció en una lista de archivos destruidos durante la década de 1960.

Estimulados por el misterio de Allison V. Harding un grupo de entusiastas lectores de Weird Tales comenzaron a investigar la vida de Jean Milligan. Efectivamente existió una abogada en Nueva York con ese nombre, y de hecho pertenecía a una familia bastante acaudalada. Tras una pesquisa más profunda se obtuvo un único dato concreto. Jane Milligan, notablemente elusiva (o muy capaz para cubrir sus pasos), nació en 1919, aunque jamás se hallaron registros académicos, jurídicos, y ni siquiera civiles, que aporten mayores datos.

Recordemos brevemente el caso de Catherine L. Moore, que publicó en Weird Tales bajo el seudónimo de C.L. Moore, a causa de los prejuicios que caían sobre la publicación, a menudo señalada como violenta, e incluso inadecuada. Catherine L. Moore, esposa de Henry Kuttner, operó el cambio de su nombre por un sencillo motivo: temía perder su trabajo como secretaria bancaria. Quizás podríamos trasladar este móvil a la misteriosa Allison V. Harding, una abogada prominente que no se atrevió a poner en riesgo su ocupación para perseguir lo que dictaba su imaginación.

El misterio de Allison V. Harding es un misterio menor, un misterio miserable, si se quiere, pero que se ajusta a la sencillez de los enigmas cotidianos: una mujer de clase alta, hija de una familia acaudalada, que en las noches oscuras, al amparo de la mirada inquisitiva de su marido e hijos, desecha los jirones del día para consignar pesadillas lúbricas en una de las revistas más escandalosas de su época. No es curioso que su personaje más popular, aquel Hombre húmedo que perseguía y atormentaba a las mujeres en las lóbregas calles de Nueva York, fuese un ente imposible de repeler. Su presencia, al igual que la necesidad de escribir, crece y adopta formas irreconocibles para el que ejecuta ese acto sencillo, y a la vez aterrador, de sentarse frente una hoja en blanco.



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