Leyendas de gitanos...

Las Predicciones de la Gitana.

El profesor Lugano, el tarotista Targeti y quien les habla, devanábamos la madeja del ocio cuando un nuevo misterio nos abordó súbitamente. Bebíamos nuestro mate cocido habitual en el bar Teufel, de Villa Crespo, acompañando la gaucha infusión con algunos scones británicos, haciendo gala de una universalidad propia de los grandes hombres. Nuestra sutileza cosmopolita no fue apreciada por los mozos (tres gallegos insufribles), quienes tras sesenta años en la Argentina se resistían a abandonar su acento, en una clara y grosera muestra de sectarismo.

Mientras discurríamos estas profundas cuestiones, vimos que una anciana ingresaba en el bar. Llevaba la cabeza cubierta con un pañuelo rojo, y bajo el poco cabello que se rebelaba contra la tela, se podían apreciar el brillo astuto de los ejemplares de una notable y misteriosa comunidad, los gitanos.

Nosotros ya somos hombres mayores, y fuimos criados con esa mezcla de atracción y temor reverente hacia los gitanos; quienes nunca fueron demasiado prolíficos en Buenos Aires, pero que de todos modos eran lo suficientemente numerosos como para alimentar las tétricas leyendas que nos narrábamos de jóvenes.

Tal vez Lugano pensaba en aquellas leyendas cuando vio a la vieja, ya que lo vimos aferrar el mango del facón que siempre llevaba consigo, más para seccionar embutidos que por protección personal. Pero la anciana no nos dedicó ni una mirada; en cambio, se dirigió directamente hacia otro parroquiano, que bebía sólo su café. Se acercó a él y le dijo:

_Le leo la suerte.

El hombre no contestó, ni siquiera la miró; pero la vieja no pareció ofenderse, y siguió pasando mesa por mesa, ofreciendo sus dotes mediúmnicas.

Antes de llegar hasta nosotros, una pareja de jóvenes aceptó sus servicios. Estaban en una mesa contigua a la nuestra, por lo que pudimos escuchar claramente todo el desarrollo del oráculo.

_Ustedes se conocen recientemente._anunció la Anciana._Se besaron por primera vez el jueves, a la tarde, entre las 14.30 y las 15.00 hs. Ella no lo ama, de hecho sale con otro hombre, y por eso lo citó en este bar, para dejarlo.

El muchacho quedó en silencio, abrumado por lo funesto del presagio.

_¿Es verdad lo que dice, Estela?_interrogó el joven.

_Si._respondió la muchacha._Es cierto, Marcelo.

La escena era desgarradora. La crueldad de la Vieja se nos hizo aún más evidente cuando exigió al joven que le abonara los cinco pesos que costaba la consulta.
Debo confesar que sentí miedo cuando la gitana se acercó a nuestra mesa, y dijo:

_Les leo la suerte.

Como todo grupo que se conoce desde hace años, existen entre nosotros pequeños e inocentes secretos, nada demasiado notable, pero que siempre es mejor conservar en el aislamiento.
Creí que todos pensábamos lo mismo, pero Targeti, nuestro endocrinólogo y tarotista, muy avezado en cuestiones sobrenaturales, tenía algo para decir.

_Adelante._dijo.

Y la gitana se sentó frente a él.

Lamento que no existan registros audiovisuales de aquel combate portentoso. Intentaré, como siempre lastimosamente, transcribir todo lo que ví y oí durante el duelo de los dos hechiceros.

_Usted conoce el Otro Lado._anunció la Vieja._Sabe de los que se agitan Más Allá, de los que susurran detrás de las cortinas.

_No niego que los conozco._dijo Targeti.

_¿lo niega?

_No, no lo niego.

_Ahh, entonces los niega.

_No, vieja chúcara, no niego que los conozco.

_¿A quién?

_A los Otros.

Era evidente que la gitana conocía las sutiles artes de la retórica más sombría. Pero nuestro amigo también había sido un gran estudioso; incluso podía discurrir largamente sobre los pasajes más abstrusos del Ramayana, y hasta entenderlos.

_Usted es soltero, pero conoció el amor más intenso._sentenció la gitana.

_Todos los hombres han vivido un amor intenso, y ese amor se vuelve más intenso con el recuerdo, al igual que la belleza de la mujer que lo alimentó._filosofó Targeti.

_Entonces, usted es soltero.

_Separado.

_Bah, soltero.

_No, separado.

_Ella lo dejó por otro.

_Nunca, mi Betina fue la Penélope de este siglo tormentoso, jamás podría albergar semejantes sospechas contra ella.

_Le digo que es cornudo.

_No le permito...

_Su mujer lo engañó con un amigo.

Una atmósfera irrespirable se estancó en el bar. Algunos parroquianos, temerosos, abandonaron el establecimiento en puntas de pie. La gitana sonrió con los ojos, un brillo de astucia mezquina latía en sus pupilas. Pero Targeti no se arredró.

_Imposible._dijo nuestro tarotista.

_Claro que es posible. Mire, fue en el verano de 1966, durante los carnavales. Confundidos con el anonimato de las máscaras, ella besó a otro hombre, un joven alto y moreno. Luego retozaron junto a las vías del tren, a la vera de la estación Colegiales.

_Alto y moreno, ¿cómo yo?_concluyó sagázmente Targeti.

_No, no tan alto._dijo la gitana, aunque era evidente por su nerviosismo que había sido pescada en la astucia.

_Si._continuó Targeti._era yo aquel muchacho alto y moreno. Ella sabía que me iba a disfrazar de lancero de la compañía de Roldán, y que juntos íbamos a reconstruir la batalla de Roncesvalles, por lo tanto nunca me engañó.

La Vieja se vio en la obligación de jugar fuerte, ya que nuestro amigo devolvía golpe por golpe los avances maliciosos de la gitana.

_Es usted muy astuto, querido contrincante, pero veamos si puede utilizar sus dotes en el arte de la predicción.

_La escucho.

_¿Cuánto dinero hay en la caja?

_Cuatroscientos pesos con noventa centavos, más veintiocho pesos en la lata de propinas.

Aquí Lugano le pidió a Jesús (uno de los gallegos insufribles) que confirmara o negara los dichos de nuestro amigo.

_Es cierto._confesó Jesús con cierta reticencia.

_Vamos, abuela, deme algo más difícil._dijo con osadía Targeti.

La gitana se revolvió en su asiento. Ya no había astucia en sus ojos, sino odio.

_¿Quién morirá primero de los que están en esta mesa?

_Yo._dijo Targeti.

_Miente.

_No.

_Si, miente para proteger a su amigo. Usted no será el primero en morir.

Targeti nos miró con infinita dulzura.

_Es cierto, miento, no soy yo quien morirá primero._declaró mórbidamente.

Lugano y yo, presos de un temor indecible, nos tomamos de la mano virilmente por debajo de la mesa.

_Diga su nombre._ordenó la anciana.
_No puedo.

_Dígalo, o lo diré yo, es preferible que la noticia de la desgracia provenga de labios amigos.

_No.

_Sea, entonces lo diré yo.

Pero la sonrisa de la Vieja se fue borrando paulatinamente, como una tarde nublada arrasada por un sol súbito, inesperado.

_¿Ahora entiende porqué no puedo decirlo?_dijo nuestro amigo.

_No puede ser, así no debía suceder._balbuceó la gitana.

_Claro que no._declaró Targeti._el destino no es algo inmóvil, si usted no hubiese entrado en este bar, los hados habrían tejido su futuro de mil maneras diferentes. Tomar una calle u otra, es en verdad una decisión cuyas consecuencias son imprevisibles. Pero usted ha entrado en el bar, ha conversado conmigo, y será la primera persona de esta mesa en morir.

_Imposible.

_¿Porqué?

_Porque el día de mi muerte me fue anunciado hace muchos años, cuando todavía era una niña. El gran arúspice del campamento me lo susurró al oído, y sé que antes de morir debe sucederme algo, un hecho prodigioso, y aún no ha sucedido.

_Lo sé._dijo Targeti.

_¿Lo sabe?

_¿No acabo de decirle qué lo sé?

_Si, ¿pero cómo es posible?

_No es usted, querida abuela, la única con dotes adivinatorias.

_Pero si lo sabe, también sabe que no puedo morir antes de que "eso" suceda.

_Ciertamente.

_Y "eso" es imposible que suceda, nadie ha podido, aunque muchos lo han intentado._dijo la anciana.

_Sucederá, créame.

_No.

_No sea cabezadura, le digo que sí.

_Entonces sabrá decirme qué me anunció el hechicero cuando era pequeña.

Targeti suspiró, cansado.

_El Hechicero le anunció que usted moriría cuando alguien le haga una predicción, cuando alguien adivine algo que usted ignora.

_Cierto, y aún nadie ha visto algo que yo no pueda percibir.

_Hasta hoy.

La gitana estaba muy intranquila, miraba hacia los costados como si súbitamente pudiese aparecer la Muerte para arrebatarla.

_Es imposible que usted sepa algo que yo no.

_No me incite, abuela.

_Hable.

_Muy bien._dijo Targeti._Usted supo que iba a venir a este bar, supo que iba a arruinar una pareja, y supo que iba a disfrutarlo. También tenía el conocimiento que iba a conversar con tres hombres, y que iba a intentar destruir una amistad de muchos años.

_Cierto.

_Espere, aún no he terminado._continuó nuestro amigo._Usted conoció de antemano mis dotes, y la predicción de su muerte, pero hay algo que usted no sabe, y que ahora le sucederá.

_Nada puede pasar que desconozca. No temo sus amenazas.

_Lo que usted no sabe, lo único que nunca imaginó cuando comenzó el día, es que esta tarde usted iba a pagar la cuenta de tres mates cocidos y media docena de scones.

En este punto, Lugano, Targeti y yo, huimos del bar como si el mismo diablo nos azotara con el látigo. Con el tiempo supimos que la gitana fue rodeada por los tres gallegos, verdaderas encarnaciones de las Parcas, con quienes no es posible razonar cuando se trata de dinero. Supimos también que la Vieja pagó la cuenta, y que luego se desplomó al salir del bar.

Aelfwine.

Otros misterios miserables.

Este relato fue escrito por El Espejo Gótico. Para su reproducción, tanto total o parcial, escribenos a: elespejogotico@gmail.com

3 comentarios:

Alejandro dijo...

Oh la Fata Morgana! Oh, los Hados! Oh, Cristina K! Cuándo bajará la retención a la soja?

Anónimo dijo...

ni chicha ni limonada ,volve lovecraft,poe haracio quiroga .etc,etc

Nkl dijo...

Muy bueno. Saludos