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Psicología de «Star Wars»: el Lado Oscuro de nuestra mente


Psicología de «Star Wars»: el Lado Oscuro de nuestra mente.




Antes de repasar la filosofía de Star Wars conviene citar a un notable filósofo de una galaxia muy, muy lejana:

Difícil de ver el lado oscuro es.
Hard to see, the Dark Side is. (Yoda, Star Wars: La amenaza fantasma)


Esta aventura es tan dificultosa que debieron pasar varias décadas, y dentro de ellas algunos intentos deplorables, para desenmascarar la verdadera psicología del Lado Oscuro de la Fuerza.

Esta hazaña corresponde a Travis Langley y su desacreditado equipo de psicólogos dedicados al universo geek, especialidad que algunos han bautizado como PsychGeeks. A este grupo de inadaptados les debemos un libro realmente interesante: Psicología de Star Wars: el Lado Oscuro de la mente (Star Wars Psychology: Dark Side of the Mind); desde luego, lanzado un mes antes del estreno de Star Wars: el despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens).

La alusión al Lado Oscuro nos da una clara pista sobre la naturaleza del libro, enfocado especialmente en aquella dualidad moral, ética y espiritual que gobierna el universo de Star Wars. En término psicológicos reales, los mismos que podríamos aplicar sobre cualquiera de nosotros, el Lado Oscuro absorbe sobre su eje cuestiones como la ansiedad, el miedo, la violencia, la sociopatía y la psicopatía.

Desde ya que no es la primera vez que se intenta analizar psicológicamente a Star Wars; de hecho, existen todo tipo de ensayos al respecto. Quizás los más interesantes sean: Miedo y masculinidad: Anakin el hombre (Grief and Masculinity: Anakin the Man), de Billy San Juan; y Los desórdenes de ansiedad necesitan un control imperial (Anxiety Disorder’s Need for Imperial Control), de Frank Gaskill, donde se especula con la posibilidad de que Darth Vader no sea un tipo realmente malo después de todo, sino un hombre asustado, es decir, alguien incapaz de lidiar con sus propios miedos.

Dicho esto, analicemos algunos conceptos sobre el Lado Oscuro en relación con nosotros mismos.

Podemos pensar en el Lado Oscuro como una verdadera fuerza universal, arquetípica, donde se inscriben nuestros impulsos inconscientes; pero también donde se desarrolla nuestra relación con lo espiritual. En parte, el psicólogo suizo Carl Jung hablaba de lo mismo al referirse al concepto de Sombra.

También es aceptable diferenciar distintos grados dentro del Lado Oscuro. Palpatine, por ejemplo, luego convertido en el odioso Emperador, parece albergar un sólo deseo: ambición; mientras que Anakin-Vader se muestra más impulsivo que decididamente malévolo.

Ahora bien, cuando hablamos del Lado Oscuro, tanto el de la saga Star Wars como el nuestro, en general nos referimos a rasgos agresivos, antisociales, casi instintivos, se diría. Pero qué ocurriría si transferimos esos términos en otros menos negativos, como audacia, desinhibición, hedonismo.

Las fantasías del Lado Oscuro sólo se revelan como algo horroroso cuando las interpretamos en relación con nuestras necesidades sociales. Instintivamente hablando, no sólo son legítimas, sino que pertenecen a nuestra esencia subconsciente. En otras palabras: el Lado Oscuro es nuestro origen psicológico; de allí partimos, de allí nacemos como un ser gobernado únicamente por sus impulsos.

Siguiendo este razonamiento nadie puede convertirse al Lado Oscuro, a lo sumo podemos regresar a él.

Sigmund Freud se refiere a esto en su obra: El malestar en la cultura (Das Unbehagen in der Kultur), donde concibe la teoría de que nuestra crianza dentro de una sociedad organizada nos permite abandonar paulatinamente el Lado Oscuro, es decir, la amoralidad y el egoísmo en estado puro.

Uno de los rasgos más inmediatos en las sociedades civilizadas es, paradójicamente, la instauración de autoridades que regulen la seguridad. ¿Por qué? No precisamente para protegernos de los impulsos básicos de otros, sino para limitar los propios. Extrañamente, dentro del universo de Star Wars esa función es cumplida tanto por los Jedis como por los Sith, aunque bajo prerrogativas distintas.

Los Jedis se encargan de garantizar la democracia, y para lograrlo no dudan en exterminar a los Sith, es decir, a sus adversarios filosóficos; lo cual creen haber logrado. No obstante, los Sith no pueden ser derrotados jamás, así como nadie puede librarse por completo del Lado Oscuro de su psique. Pocos pueden convertirse en Jedis, pero todos en aquella galaxia lejana son potenciales Sith.

Para Sigmund Freud, todos los sistemas sociales requieren de cierto grado de control. Esto garantiza el castigo inmediato de cualquiera que se incline por el Lado Oscuro. Sin embargo, incluso la sociedad vista como un todo tiende instintivamente inclinarse hacia el Lado Oscuro. La única válvula de escape es el descontento, es decir, el malestar al que se alude en el título de su trabajo.

La razón de esto es sencilla: para vivir en sociedad debemos pagar el tributo de reprimir nuestros instintos primarios.

Hay algo profundamente cierto en la teoría de Sigmund Freud, aunque la gran mayoría de las personas podrían incluso jurar que bajo ninguna condición albergarían sentimientos de odio, e incluso de violencia sobre otros. Pero lo cierto es que sí, somos perfectamente capaces de eso, y aún de mucho más, ya que nuestro cableado arquetípico, por así decir, nunca deja de emitir impulsos básicos. Cuando las condiciones son apropiadas, o bien justificadas por el contexto, el Lado Oscuro siempre se manifiesta.

Una de las cualidades del Lado Oscuro es hacernos creer que se trata de una fuerza externa, foránea, ajena a nosotros mismos. Basta pensar en cualquier pesadilla que nos haya hecho despertar en medio de la noche. En general las asumimos como algo que nos ha ocurrido, es decir, no como una parte nuestra, con impulsos y deseos propios, sino como algo espantoso en lo que no nos reconocemos.

Ahora bien, en este punto sería lógico preguntarnos por qué hemos abandonado el Lado Oscuro en favor de la civilización. En parte porque el ser humano comprendió muy pronto que para mejorar sus oportunidades de supervivencia era necesario confiar en otros, pero eso sólo es viable si el otro también se compromete a suprimir sus impulsos primarios. Cualquiera que no cumpla esta regla es aislado del contrato social a través de la cárcel, manicomios, exilio social, etc.

Quizá por eso el aislamiento, en cualquiera de sus formas, desde la soledad en sociedad a la reclusión en una cárcel, por ejemplo, conducen al individuo de vuelta al Lado Oscuro.

El precio para vivir fuera del Lado Oscuro es alto. Somos seres gregarios, y la mayoría de nosotros evita aquellos comportamientos que puedan ofender al otro, siempre que sea visto como un igual; es decir, alguien que no pertenece al Lado Oscuro. Si bien esto no parece entrañar un gran sacrificio, a nivel psicológico sí lo es, justamente porque reprime el principio del placer del que hablaba Freud; el cual podemos imaginar como el impulso caprichoso de un bebé que no entiende las normas, simplemente quiere lo que quiere, y si no lo obtiene estalla en ira.

Dada la naturaleza interior de estas cadenas, es lógico preguntarse si el Lado Oscuro es, en última instancia, tan oscuro como parece.

Normalmente las personas que peor lidian con su Lado Oscuro son aquellas que lo niegan. Las fantasías de poder, de venganza o de salvaje sexualidad, pueden y deben ser asumidas como eso, fantasías. Pero su función es muy importante, nos brindan una especie de gratificación compensatoria; es decir, operan como válvulas de escape para los instintos primarios, permitiéndonos cierto grado de satisfacción sin realmente abrirlas por completo.

En este sentido, nuestro Lado Oscuro parece ser un tanto inocente. Permite liberar tensiones antisociales a través de las fantasías y los sueños, que no necesariamente se presentan como algo terrible. Fantasear con convertirse en un profesional prestigioso, por ejemplo, relaja nuestros impulsos de ambición y dominación. ¿Para qué otra cosa querríamos ser jefes en algo si no es para estar por encima de los demás?

Podemos engañarnos, claro, y asumir que nuestras ambiciones no persiguen motivos tan estrafalarios; no obstante, a nivel inconsciente funcionamos de esa forma: simple, pura, inocente, sin dobles intereses más que los propios.

Aquellas válvulas de escape de las que hablábamos recompensan nuestro comportamiento social adecuado, nuestra autodisciplina; y de hecho no proceden del Lado Oscuro. En términos simples podemos traducirlos del siguiente modo: como has sido un buen hijo puedes permitirte con soñar que matas a tus padres.

Esto, que a todas luces nos parecería una pesadilla atroz, en realidad nos asusta porque reconocemos en ella un impulso intensamente nuestro.

En menor escala, esa es la razón por la cuál los personajes más queridos de la saga de Star Wars son, indudablemente, Darth Vader y Han Solo. En Vader reconocemos al ser que se libró de las ataduras de la Fuerza, tal como la conciben los Jedis; es libre en un sentido antisocial, puro, sin condicionamientos de ninguna clase. En Han Solo ocurre lo mismo. De todos los personajes del «bando de los buenos», Han Solo es el único que alberga sentimientos de ambición, de diferenciación con el resto, de hedonismo.

En cierta medida, Han Solo es el que mejor nos representa, y el único que jamás podría convertirse en un agente del mal. Se atreve a coquetear (o fantasear, como nosotros) con el Lado Oscuro al ser un poco egoísta, impulsivo, temperamental. No en vano elige la profesión de mercenario, es decir, del hombre que responde sólo ante sí mismo y que trabaja para el mejor postor.

Los mismos pensamientos prohibidos que convierten a Anakin Skywalker, un tipo que básicamente se reprime hasta el punto de estallar, en Darth Vader; en Han Solo garantizan su inclinación por el bien, justamente porque es consciente de esos pensamientos y los vive dentro de ciertas reglas.

Si llevamos esto al universo de Star Wars en su totalidad podemos entender por qué a lo largo de la saga tantos Jedis (Yoda y Obi Wan, principalmente) insisten en los peligros de unirse al Lado Oscuro.

¿Pero no suena un poco ridículo?

Quiero decir, ¿consideraríamos posible que un fanático hincha de Boca repentinamente se haga de River, e incluso asumir los hábitos y el comportamiento de alguien que frecuentó el ascenso? ¿Cuáles son las posibilidades reales de que esto ocurra?

Ninguna.

¿Entonces por qué los Jedis deben subrayar ese peligro constantemente?

Porque el Lado Oscuro es la condición natural del ser, y su retorno a ese universo de gratificación inmediata nos tienta permanentemente. En otras palabras: la impostura, la falsedad, el engaño que favorece la construcción social es la Fuerza tal como la conciben los Jedis.

Entre ambos sacerdotes de la Fuerza, los únicos realmente libres son los Sith.




El lado oscuro de la psicología. I Cine de terror.


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El artículo: Psicología de «Star Wars»: el Lado Oscuro de nuestra mente fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No creo que sea conveniente el libertinaje

Wuicho Lr dijo...

Wow, interesante

Andres rios hurtado dijo...

Es justo lo que buscaba, porq saben, la dualidad q observe entre la 'fuerza' (cuando ví las dos primeras películas) me llevo a preguntarme porque escoger solo una expresión de la misma cuando puedo escoger entre dos vías. Es como la visualización de una serpiente bicéfala no? Y si el origen es la fuerza circundante de lo esencial de la naturaleza (la serpiente y sus dos cabezas) me preguntaba ¿porq asustarnos de la frialdad de su locura? ¿locura de crimen y placer? y pensaba que este lado oscuro podía aterrorizarme cuando caía en cuenta y razón que lastimaba a otros; es ese momento frente al otro, pense, ese instante de consideración, de empatía, cuando incluso arriesgaria mi vida por otro...justo cuando al mismo tiempo destrozaría lo que considerare escoria.

Maika Duvnj'ack dijo...

Las dicotomias de bueno-malo, correcto-incorrecto, moral-inmoral, fisco-espiritual, etc. si son adoptadas como forma de vida por alguien, a la larga terminan "mutilando" a esa persona ya que cuando se intenta dar preponderancia a un aspecto de la dicotomia , se trata de anular o incluso aniquilar el otro. Por ejemplo: en los físico-espiritual, los "ascetas" del catolicismo, del budismo, etc, tienen como objetivo llegar a la perfección espiritual y consideran que todo aquello relativo al cuerpo, sus necesidades y deseos es algo sucio, poco elevado, sin sentido, se lo anula...aquí vemos al sujeto "mutilando" de su ser a la parte física (lo físico se reprime). Pero a la inversa también: al hedonista lo vemos mutilar lo espiritual y a veces incluso lo intelectual (ejemplo practico: persona que trabaja, hace fitnes y va los jueves a bailar...y eso es su vida). Podemos encontrar gente mutilando sentimientos (Ej: "odiar esta mal, no me lo permito", "amar esta mal, eso me ataría"); mutilando deseos; mutilando pensamientos racionales que serian vistos como inapropiados; y así un gran etc, etc, etc de represiones que atormentan a la mayoría de los seres humanos. "La naturaleza" (o quien sea) nos hizo a todos con la capacidad de experimentar un gran abanico de sentimientos, deseos y pulsiones (sublimes o abominables, dependiendo del estado del sujeto y las circunstancias que lo estimulen). Asumir que son parte de nosotros y permitirnos viveneciarlas en toda su variedad, nos hace libres. Han Solo, según mi modo de verlo, es el único personaje que es realmente libre: atiende a sus necesidades, deseo y pulsiones adaptandolas a las circunstancias (ama, odia, teme, arriesga la vida, es el amigo mas leal , es tambien un estafador, mercenario y un criminal) ...la naturaleza misma de la libertad es la que no le permite definirse por bandos porque eso lo limitaría. El tipo es "prácticamente perfecto", como una golondrina. Ya lo dijo Yevgueni Yevtushenko: "La vida es un arco iris que incluye el color negro" :)