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Últimas palabras antes de viajar al País de Oz


Últimas palabras antes de viajar al País de Oz.




El único misterio en el universo cuyo conocimiento se tributa con el silencio es la muerte.

La ciencia lo conoce todo sobre el proceso de la muerte física, sin embargo, nadie puede estar seguro de qué nos espera del otro lado, y por tal caso si efectivamente existe algún otro lado adónde ir.

Tal vez por eso muchas personas han tomado la precaución de elegir cuidadosamente sus últimas palabras. Otros, en cambio, las pronuncian improvisadamente, con honestidad, con desenfado, y por supuesto con esperanza.

Hay quienes sostienen la teoría de que un cielo colectivo, es decir, un paraíso igual para todos, es un indicio de que en realidad nos estamos adentrando en las tenebrosas planicies del infierno.

Para ser un verdadero Paraíso debemos ser nosotros quienes estimen su forma, sus dimensiones, sus atributos, la duración de sus ocasos. Menos es sencillamente inaceptable.

En este contexto, la imaginación sería la forma en la que nuestra alma practica los universos que creará después de la muerte.

Algunos individuos han hecho un culto de la imaginación, un hábito fabuloso, creando dimensiones incluso en vida; quizás para que todos podamos participar secundariamente en ellas.

Las últimas palabras que L. Frank Baum (1856-1919) pronunció antes de morir fueron las siguientes:

Ahora puedo cruzar las arenas movedizas.
(Now I can cross the shifting sands)


Estas palabras, aisladas de su contexto, no impresionan a nadie.

No obstante, deberían.

L. Frank Baum fue un prolífico autor norteamericano. Escribió 55 novelas, 82 relatos cortos y más de 200 poemas. Pero esas cifras son superfluas al lado de su creación más notable: Oz.

L. Frank Baum fue el autor de El maravilloso mago de Oz (The Wonderful Wizard of Oz) y sus secuelas. Alrededor del País de Oz diseñó un páramo estéril dividido en cuatro sectores: Desierto Mortal (Deadly Desert), Desierto Intransitable (Impassable Desert), Gran Páramo Arenoso (Great Sandy Waste) y las Arenas Movedizas (Shifting Sands).

Si bien podríamos ver al País de Oz como el símbolo de un hombre aislado del mundo, también sería oportuno interpretarlo como una gentil y esperanzada invitación.

El 5 de mayo de 1919, L. Frank Baum sufrió un infarto. Murió al día siguiente, poco antes de su cumpleaños número 63. Enturbiado por la presencia de la muerte, susurró aquellas últimas palabras:

Ahora puedo cruzar las arenas movedizas.

Resulta imposible afirmar si L. Frank Baum llegó o no al País de Oz. Lo que sí podemos conjeturar es que esa tierra también le pertenece a sus lectores, quienes aún hoy continúan puliendo detalles y creando nuevos colores y texturas con su imaginación.

No todos somos capaces de crear nuestros propios universos imaginarios, pero podemos, después de partir, aprovechar lo que otros han soñado.

El cielo de las religiones exige el cumplimiento de ciertas normas para acceder a la eternidad, reglas que, por impericia o hastío, solo cumpliremos de tanto en tanto. Afortunadamente, los réprobos tenemos otros cielos a disposición. Después de todo, a nadie se le cierran las puertas del País de Oz.




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