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Por qué conviene elegir cuidadosamente a tus enemigos

Por qué conviene elegir cuidadosamente a tus enemigos.


Frente a la palabra "enemigo" todos entendemos más o menos lo mismo. ¿Pero qué significa realmente?

Enemigo proviene del latín Inimicus; significa literalmente "no amigo"; se utilizaba para clasificar a alguien con el que se tenían rivalidades personales. Cuando el enemigo era extrajero, es decir, público, se utilizaba la palabra Hostis, de la cual deriva el término "hostil".

Paradójicamente el latín poseía otra palabra para designar al extranjero que no era enemigo: Hospes, del cual provienen "hospital" y "huésped".

Este doble empleo de la raíz Hos —del indoeuropeo hosti: "forastero"—, vinculándolo alternativamente con la amistad y la enemistad, invita a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de las rivalidades.

Al menos en el latín la enemistad estaba directamente relacionada con lo foráneo, con lo extranjero; es decir, con lo extraño. No obstante, aún lo extraño podía volverse conocido, propio, empleando la misma raíz; como si la enemistad y la amistad fuesen brotes distanciados de un mismo tallo.

Sin embargo, la enemistad no se distancia únicamente de la amistad. Aún en las antípodas filosóficas los enemigos se acercan mutuamente.

Tal vez por eso convenga elegir cuidadosamente a nuestros enemigos ya que resulta muy fácil, y hasta indetectable, terminar asemejándose a ellos.


Egosofía. I Filosofía del profesor Lugano.


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