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Sobre los finales felices

Sobre los finales felices.


Todo final es literalmente un desenlace; el fin de una sucesión de acontecimientos que dan cierran una historia.

Todo final feliz -especula el profesor Lugano- es un final incompleto, inacabado; la elección arbitrara de un instante agradable que en modo alguno puede considerarse como una conclusión.

Francamente cansados del pesimismo de este entrañable exégeta, argumentamos que cualquier final, ya sea feliz o triste, funciona para simplificar los planteos de una historia al aportar un cierre, y en el mejor de los casos, una solución.

Inamovible en sus conclusiones, el profesor señaló que los griegos creían que los finales felices solo se ajustaban a los parámetros de la Comedia; y que la Tragedia, más cercana a la vida y sus vicisitudes, exigía por su naturaleza un final de mierda.

A continuación trascribimos ab ovo aquel debate:


-Pero, profesor, tenga en cuenta que no todas las tragedias griegas terminan como el culo. Piense en Ayax, por ejemplo. Allí termina todo relativamente bien.

-Y recuerde usted lo que decía Aristóteles. A veces los poetas escriben finales felices para congraciarse con sus espectadores, que casi siempre aguardan que algo ponga fin a las tensiones de la obra. Todo final feliz es un final apresurado. Si le da un poco de tiempo todas las historias terminan igual.

-El mismo Aristóteles que juzgaba severamente tales obras por considerarlas traicioneras.

-Sólo cuando el objetivo de ese "final feliz" traicionaba el objetivo principal del héroe. Desde luego, morir heróicamente.

-Estoy en desacuerdo, profesor. Concedo, eso si, que los "finales felices" griegos casi siempre involucran la intervención directa de los dioses.

-Precisamente. Es en esa intervención donde queda clara la inutilidad del final feliz. Sin un dios que desvie el curso natural de los eventos no existen los finales felices.

-Deux ex machina.

-Algo que el mismísimo Horacio recomendaba usar con prudencia. Fíjese hasta qué punto existe una ironía en el final feliz que con el tiempo han logrado convencernos que este consiste en un matrimonio.

-O en la ingesta de perdices.

-Precisamente. Recuerde la secuencia lógica de la comedia griega:

-Se nos hace creer que los enamorados se casarán. Se informa que no pueden casarse. Ahora sí se casarían de no mediar inconvenientes. Nuevamente no pueden. Finalmente se concreta la boda.

-¿Se da cuenta lo banal que resulta todo esto?. Ahora repase la secuencia de la tragedia.

-Se cree que el héroe morirá. Se informa que el héroe no murió. Ahora sí pensamos que el héroe morirá. Sin embargo no sucede. Finalmente se confirma su deceso.

-¿Se da cuenta? Esta sucesión se ve claramente en todas las novelas, en todas las películas, en todas las vidas que se jactan de ser originales. ¿Por qué piensa que nos atrae la ficción? Justamente porque su naturaleza no tiene nada de ficticia.

Como conclusión hay que decir que aquel debate continuó, cada vez más estéril, hasta que se desvió hacia cuestiones filológicas que echarían a la basura cualquier esperanza de un final feliz.



El artículo: Sobre los finales felices fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Que interesante artículo! Qué sucede cuando el experimentador se funde en el experimento y se convierte en el experimentado? Esto por supuesto para el Sr. Lugano, quien de seguro tendrá la respuesta certera, siempre tan predecible dentro de su particular materialismo dialéctico, o simplemente un pensador realista, tan realista que a veces sospecho que su hermosura radica en su apagado misterio. Es hermoso cuando frente al espejo, la ficción se funde con la realidad, la realidad toma el camino de los espejos, el lector se adentra en lo siniestro porque siempre es este el objetivo, se hace evidente la necesidad de penetrar en los submundos del sufragio, hasta el punto del no discernimiento de las dimensiones reales existentes entre dos mundos paralelos que jamás se cruzarán. Llegamos al punto donde la frialdad y dureza de la mas corriente piedra se transforma en la inmaterialidad del fuego, provocando sudores frente a la angustia que causa la huella de un demonio visto tan de cerca, una especie de sentimiento revivificador de los espíritus de la noche, que siempre degustan la oscuridad relamiendo sangre, ajena! por supuesto. Acerca de los finales felices, son tan previsibles para los ilusionistas, claro está que serían un oprobio para un blog tan especial, en total acuerdo con la visión del Sr. Lugano, que siempre llevaré en mis oraciones nocturnas, porque en la noche las sombras no existen. Amo este blog! Como no amarlo?!