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Personas que escuchan lo que quieren oír

Personas que escuchan lo que quieren oir.


Hasta el hombre más racional busca favorecer la información que confirma sus propias creencias; así como rodearse de fuentes y posturas que vengan a subrayar lo que ya cree íntimamente.

En este sentido todos escuchamos lo que queremos oír.

Seguramente el lector habrá presenciado (o protagonizado) una discusión entre dos personas de opiniones polarizadas frente a las mismas pruebas, tozudos creyentes que perseveran en creer en aquello que se ha demostrado como falso, o finalmente aquellos que destacan una correlación irracional entre dos hechos que nada tienen en común, en general para darle primacía a una sospecha previa.

El profesor Lugano, fuertemente identificado con una corriente revolucionaria que busca derribar estos paradigmas, sostiene que la mentira no existe. Lo que existe son personas que creen.

Menos incendiario que nuestro querido profesor, desde aquí nos parece que la mayoría de las personas están dispuestas a buscarse a sí mismas en cualquier parte.

Lo "real", después de todo, no existe; y si existe nos llega a través de nuestra propia subjetividad, en cuyo caso lo que percibimos es rigurosamente falso.

Todos buscan la forma de interpretarse a sí mismos utilizando lo externo, lo casual. Estas personas en general argumentan "ser como son", o que no cambiarán de opinión siquiera frente a una serie de pruebas que demuestren claramente su error. Desde luego, no debemos culpar a nadie por sus convicciones. Algunas pueden ser bastante nobles, otras, bastante canallas; sin que esto desestime la certeza de que nunca vemos todo lo que nos rodea.

No buscamos otra cosa que retroalimentarnos, que confirmar mediante hechos circunstanciales aquello que ya sentimos previamente.

Lugano vuelve a la carga con una afirmación polémica: ninguna circunstancia nos convierte en lo que no somos.

Según este filósofo moderno, peligrosamente conservador, nadie se vuelve un asesino si busca vengar a un amigo acribillado, o un ladrón de panes si tiene hambre. Ya es un asesino antes de buscar venganza, y un ladrón antes de tener hambre.

Para suavizar sus raros esquemas mentales vale aclarar que Lugano no le asigna al hurto y al asesinato un valor censurable en su escala ética.

Lugano tose apresuradamente otro ejemplo, y habla de las personas que creen en gurúes, magos, profetas, maestros de la autoayuda y otras facetas de lo siniestro; destacando que no hay tarea más sencilla en el mundo que decirle a alguien lo que quiere escuchar.

El hombre se forja un pequeño mundo, mejor dicho, una órbita minúscula y miserable que gravita concéntricamente sobre él. En esa órbita giran elementos que sirven para justificar su autopercepción, es decir, que vienen a darle la razón acerca de lo maravilloso que es.

Para comprobar esta teoría con un ejercicio simple pasemos a realizar una observación sobre alguien que entre en conflinto directo con su autopercepción.

Probablemente sea desechada sin escrúpulos, reduciendo de este modo el impacto que supone no ver reflejado en otros la visión que el sujeto tiene sobre sí mismo.

Todo diálogo se desarrolla entre personas parcialmente sordas. Por eso el amor es excluyente.



El artículo: Personas que escuchan lo que quieren oír fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

Conde Cutjard dijo...

"El hombre se forja un pequeño mundo, mejor dicho, una órbita minúscula y miserable que gravita concéntricamente sobre él", gran frase ésa.

Me gusta mucho este blog, y en especial las peripecias del profesor Lugano. Sé que seguirán así, ¡felicidades por tan maravilloso sitio!

Sebastián Beringheli dijo...

Esperemos que esas peripecias no cesen repentinamente, Conde.

Adelante con el blog!

Conde Cutjard dijo...

Por cierto, me parece bastante curioso que el profesor no tenga su propia etiqueta.
Es un personaje que se le quiere de inmediato, y es incómodo buscar los escritos referentes a él, aunque al final tenga su recompensa.

Sebastián Beringheli dijo...

Tomo nota de la sugerencia, Conde. Si bien el profesor es un hombre más bien reacio a estos reconocimientos, sus aportes ameritan que pueda ser rastreado con mayor facilidad. Abrazo!