Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Extraño libro victoriano.
Novela de H.P. Lovecraft.
Relatos alemanes.

Poema de Rainer Maria Rilke.
Relato de E.T.A. Hoffmann.
Novela de Jane Austen.


Tatuajes goticos

Tatuajes góticos y un hombre sin espina dorsal. Curiosa mezcla de residuos alucinógenos, aunque en mi caso apenas sea la combinación entre el hastío post vacacional y el emotivo reencuentro con esta galaxia especular.

Mail y contraseña. Sugerencias bienintencionadas, alguna que otra puteada, preguntas y más preguntas sobre cuestiones abstrusas; y la repentina aparición de Juampi; un mozalbete inquieto y hormonal, cuyas inquisiciones suelen arrancarnos varias reflexiones escolásticas: -¿Por qué no hay tatuajes góticos en la página?- Interrogante válido, casi bíblico, sobre el cuál hemos ensayado una respuesta que la prudencia exige omitir.

De un cielo norteño es posible volver, como lo atestiguan estas líneas. Pero de las estrellas frías y alcalinas del desierto sólo es posible retornar sabiendo que otras -pequeños astros que se reproducen en la piel- se suceden sin importar las latitudes. Pero todo regreso supone algo de melancolía, la impresión de que hemos dejado algo en el camino; y en aquella construcción de rutinas descubrimos que algunos sitios nos acompañan en siluetas infinitamente más sutiles que la memoria. Es entonces -y sólo entonces- cuando aprendemos una nueva forma de saborear el cielo en la nuca de una mujer, sal de una estrella perpetua que nos ilumina, que no conoce de ocasos.

Construir refugios: un libro, una mateada, charlas de presagios austeros y que pronto olvidamos; es una actividad inevitable. Tal es así, que despojados de todo ritual doméstico somos apenas una excusa biológica, un párrafo mal construido sobre importancias diminutas. Al amparo de estas convenientes costumbres, se dice, los hombres y mujeres que retornan de las planicies lunares se descubren ajenos al mundo, lejos de aquella gente que camina las ciudades como si realmente tuviesen algún sitio al que llegar.

A nosotros, reflejo de otros mejores, sólo nos califica una arquitectura modesta, de refugios sencillos. Apenas un libro, una canción, y esa estrella que nunca ves.



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2 comentarios:

Little dijo...

Wow, no conocía este blog, y he llegado de casualidad. ¡Tiene cosas geniales!

Un saludo :)

Little.

Kohl dijo...

Una vez mas he quedado sorprendida con lo que he hallado aqui que quisiera pedir un enorme favor: ¿Como puedo entablar una buena conversacion con alguien que me intriga enormemente y que cuando lo veo mi corazón colapsa?
Agradeceria que me iluminaras con tus palabras pues carezco de experiencia en ello y quien mejor que el autor romantico para guiarme.