La idea del pecado ha sido abarcada infinitas veces por teólogos, creyentes y comerciantes, pero pocas veces ha encontrado un análisis tan minucioso como en este brillante poema de George Herbert.
La aparente contradicción que existe en una deidad que dota a sus hijos con determinadas tendencias y apetitos, sólo para imponerles luego una serie de reglas que censuran aquellos instintos, es tan formidable que la única manera de comprenderla es mediante otra contradicción; la cual, por prudencia, prefiero omitir.
De todos modos, El Espejo Gótico no es un sitio en el cual puedan encontrarse respuestas a estos exasperantes enigmas. Nuestra vocación es sencillamente literaria, y fervientemente usurpadora; ya que casi siempre encontramos algún poema o relato que venga a expresar aquello que sentimos, y que por incapacidad, callamos.
La aparente contradicción que existe en una deidad que dota a sus hijos con determinadas tendencias y apetitos, sólo para imponerles luego una serie de reglas que censuran aquellos instintos, es tan formidable que la única manera de comprenderla es mediante otra contradicción; la cual, por prudencia, prefiero omitir.
De todos modos, El Espejo Gótico no es un sitio en el cual puedan encontrarse respuestas a estos exasperantes enigmas. Nuestra vocación es sencillamente literaria, y fervientemente usurpadora; ya que casi siempre encontramos algún poema o relato que venga a expresar aquello que sentimos, y que por incapacidad, callamos.
Pecado.
George Herbert.
George Herbert.
Señor, con qué prolijidad nos has encerrado!
Primero nos sazonan nuestros padres;
Luego los maestros nos entregan las leyes;
Nos envían amordazados hacia las reglas de la razón,
Los santos mensajeros, los púlpitos y los domingos;
El dolor que espía al pecado,
Las variadas aflicciones,
Angustias de todo tamaño,
Finas redes y engaños para cazarnos,
Biblias abiertas descuidadamente,
Millones de sorpresas;
Bendiciones previas,
Lazos de gratitud,
Melodías de gloria resonando en nuestros oídos;
Afuera, nuestra vergüenza;
Adentro, nuestras conciencias;
Ángeles y perdón,
Eternas esperanzas y temores.
Y sin embargo,
Un íntimo y perverso pecado
Destruye todas estas vallas,
Toda esta celestial edificación.
George Herbert.
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El poema de George Herbert, Sin, fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la utilización de nuestra versión escríbenos a: elespejogotico@gmail.com









1 comentarios:
como adoro entrar y leer todo lo de esta pagina una y otra vez... aunque no lo creas.... es facinante leer todo lo que hay aqui...
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