Cómo crear suspenso.


Cómo crear suspenso.




Había cuatro personas en la habitación. El profesor Lugano, Ernesto Sacardi, apicultor y especialista en relatos detectivescos, y quien les escribe, que por aquel entonces oficié de amanuense. La cuarta persona era un cadáver, y acaso el motivo que había sucitado aquel debate filosófico.

—El objetivo principal del suspenso —articuló Sacardi—, es mantener al lector en un estado de expectativa, de tensión, de incertidumbre sobre lo que puede ocurrirle a los personajes de una historia.

—Coincido, pero se queda corto —razonó Lugano—. También es distraer al lector del eje de la narración. El suspenso es una forma de distracción.

—Desarrolle esa idea un poco más, profesor —solicitó Sacardi.

Como siempre que alguien pide luz sobre un asunto ya expuesto con claridad cartesiana, el profesor Lugano respondió apresuradamente:

—El suspenso no existe fuera de la órbita del lector, y solo surge cuando éste posee un desconocimiento parcial sobre el desarrollo o las implicancias de un hecho significativo. Esto no es nada nuevo. Aristóteles razona en su Poética acerca del valor del suspenso, aunque en ese caso como vehículo de esperanza cuántica; es decir, de un futuro que se manifiesta ambiguamente como bueno o nefasto. El suspenso es no saber lo que ocurrirá. Lo mismo que nos sucede a nosotros esta noche.

—Pero yo sí se lo que ocurrirá, profesor. Esta noche voy a matarme.

Sacardi acarició el revólver sobre la mesa.

—Si eso efectivamente sucede no hará más que confirmar mi hipótesis —declaró Lugano.

Sacardi parecía confundido.

—Pero usted mismo acaba de afirmar que el «suspenso es no saber lo que ocurrirá». Y lo que ocurrirá hoy es mi muerte, por lo tanto, no es un asunto sujeto a los parámetros del suspenso.

—Se equivoca —interceptó Lugano—. El suspenso continúa después de que la incertidumbre haya sido neutralizada.

—No entiendo.

—Todos los auditorios posibles ya saben como se resolverá la historia. El lector siempre conoce el final de antemano, lo que necesita en comprenderlo, conocer los hechos que derivan en ese acontecimiento final.

—¡Pero entonces no hay suspenso posible!

—Claro que sí. El suspenso nace del interés del lector sobre los pormenores de esa sucesión de acontecimientos. De parte del escritor, el suspenso se proyecta demorando la resolución de esos hechos, pero eso no implica que el lector sepa de antemano lo que ocurrirá.

—¿Entonces saben que voy a pegarme un tiro?

—Lo único que saben es que usted amenaza con pegarse un tiro, que no es lo mismo que pegárselo.

—¿Creen que no lo haré?

—Algunos sí, otros no. Pero lo importante no es su muerte.

—¿No?

—Lo que les importa es saber a quién le pertence el cadáver que tenemos junto a nosotros, y cuál es su relación con nuestro debate.

—Entiendo. Es un asunto de percepción.

—Yo diría de precognición. Nuestro auditorio, si es que efectivamente existe, se debate ante la excitación por anticipar lo que vendrá e intuír lo que realmente sucede. Sus amenazas no tienen efecto sobre el suspenso de la situación.

—Todo esto es muy frustrante.

—Sin embargo, este embrollo puede resolverse de manera racional. Para aniquilar el suspenso no debemos dejar ni un cabo suelto. Nuestro lector hipotético debe retirarse con la sensación de que todo ha llegado a una conclusión lógica y verosimil.

—Perfecto. Entonces no demoremos más este asunto.

Sacardi tomó el revolver, llevó el caño hasta su sien y accionó el gatillo. Su cadáver cayó con un ruido inarticulado, como el que solo pueden emitir los objetos inanimados.

El profesor tomó el arma y la guardó en un bolsillo de su sobretodo. Junté mis papeles y salimos. Hacía frío. Caminamos algunas cuadras juntos y especulamos sobre las posibilidades matemáticas de salir airoso de una partida de ruleta rusa.




La filosofía del profesor Lugano. I Egosofía.


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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja eso es suspenso, el querer saber quien salio a caminar con el profesor, genial historia me he quedado sin palabras

Dr. Sherlock Holmes PhD dijo...

Excelente historia

Unknown dijo...

Buenísimo



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