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Gleipnir: de lo imposible como solución a lo inevitable

Gleipnir.
De lo imposible como solución a lo inevitable.

El hombre tiende a pensar que todo problema está sujeto a una solución, aún cuando le sea imposible hallarla. Lo absurdo no cabe en su cosmogonía, más aún, la contradice de tal modo que cuando lo inevitable finalmente sucede siempre nos deja un extraño sabor a traición.

Algunos asuntos pueden suspenderse, dilatarse, demorarse, pero nunca de forma definitiva. Una de las cualidades de la mortalidad, y acaso su don más interesante, es la urgencia e inmediatez de los sucesos. Al contrario de lo que ocurre con la inmortalidad, todo puede ocurrirle a un hombre mortal, aunque nunca le ocurrirá todo.

El Mito opera sobre la fragilidad humana utilizando un lenguaje específico, el único por el cual pueden abordarse las realidades más complejas sin deshacerse en el intento. El Mito es, en definitiva, un jirón del Lenguaje Eterno. Si la Verdad definitiva no puede reducirse a palabras, el Mito se propone exponerlas bajo un disfraz que nos permita contemplarlas sin perder los ojos bajo su brillo.

Una de las reflexiones míticas más interesantes tiene que ver con esta imposibilidad de resolver algunos problemas, propia del hombre que se juzga eterno sin serlo realmente. Es así que la voracidad inapelable del lobo Fenrir debió ser encadenada por los dioses, es decir, demorada, suspendida por un tiempo. Ya que ni siquiera las divinidades del Asgard pueden vencer lo que está escrito.

Para mantener sujetas las fauces de la bestia los Ases recurrieron al arte de los enanos, criaturas enigmáticas y hábiles en la confección de objetos prodigiosos.

Los enanos forjaron a Gleipnir, cuyo nombre significa curiosamente "la abierta": una soga liviana, suave, que sin embargo era irrompible.

Ahora bien, esta paradoja se resuelve de un modo magnífico. La pregunta que deberíamos formularnos es la siguiente: 

¿Qué sucede cuando algo que no puede sujetarse se ata con algo irrompible? 

La paradoja nos recuerda a un interrogante griego que, al contrario de lo que sucede en el mito nórdico, no tiene solución: 

¿Qué ocurre cuando un objeto imparable choca contra un objeto inamovible? 

Afortunadamente, el lenguaje mítico nos asiste para sortear este escollo aparentemente inabordable.

Las fauces de Fenrir no podían sujetarse, así lo quiso el destino. Es, en toda regla, un problema que no tiene solución. No obstante, el lenguaje mítico encuentra una grieta invisible para la lógica, un espacio vinculado a la eternidad, es decir, a donde nada es imposible pues todo ha de suceder.

En esa grieta los enanos forjan a Gleipnir, la soga que mantendrá cerrado aquello que no puede cerrarse. Para crearla, sin embargo, debieron apelar a lo imposible; pues los ingredientes que componen a Gleipnir son justamente aquellos que no existen:

El sonido de las pisadas de un gato.
La barba de una mujer hermosa.
Las raíces de una montaña.
La sensibilidad de un oso.
El aliento de un pez.
La saliva de un pájaro.


En lo imposible hallaron los enanos los ingredientes necesarios para hacer justamente lo imposible. La pisada de los gatos es inaudible, las mujeres hermosas no tienen barba, las montañas carecen de raíces, los osos son proverbialmente insensibles a las picaduras de las abejas, los peces no respiran y el pico de las aves no tiene saliva...

Pero incluso lo imposible tiene un tiempo de caducidad. Gleipnir resistirá solo hasta el Ragnarok, momento en el que el lobo se liberará de sus ataduras y matará a Odín, el Señor de los Dioses, por contradecir un mandato tan antiguo como el universo.



El artículo: Gleipnir, De lo imposible como solución a lo inevitable fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

El monje Irreverente dijo...

Saludos Lord: Qué interesante artículo. Me gusta la reflexión que haces del mito y la forma tan sencilla en que lo presentas. Gracias nuevamente y mis más sinceras felicitaciones.

Anónimo dijo...

Me parece que yo tengo una solucion mas sencilla, el lobo no podia ser atado para siempre y la soga era irrompible, pero nadie cayo en la cuenta de que lo que no se rompe puede hacerce elastico, y alargarse todo lo necesario para que se cumpla la profecia.de esta manera se cumplen las dos reglas, el lobo se libera y la cuerda no se rompe.

Salu2 einbeck