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El suicidio de Robert E. Howard

El extraño suicidio de Robert E. Howard.


Robert E. Howard (1906-1936) fue, entre otras cosas, un gran escritor, creador de las sagas de Conan, Kull y El Borak, miembro inestimable del Círculo de Lovecraft, y un hombre profundamente desdichado y depresivo, a tal punto que terminó suicidándose en 1936, con apenas treinta años de edad.

Su salud mental ha sido objeto de numerosas conjeturas. Físicamente padecía una condición cardíaca que le impedía hacer grandes esfuerzos. Para mayores desgracias en diciembre de 1933 Robert E. Howard sufrió un serio accidente de tráfico. Un fragmento del parabrisas de su automóvil se incrustó en su cuello a la altura de la vena yugular. Según los testimonios de algunos testigos y curiosos, salvó su vida de milagro.

Su suicidio ha sido el punto de partida de muchas especulaciones sobre la salud mental de Robert E. Howard. En Cross Plains, su pueblo natal, siempre se lo consideró como un excéntrico; incluso fue la persona que mayor cantidad de denuncias recibió por aquellos años. Ninguna de ellas objetaba un carácter violento o irascible. Todas las denuncias se quejaban del ruido ensordecedor de su máquina de escribir, cuyo martilleo, dicen, era incesante.

En un pueblo dedicado casi exclusivamente a la agricultura, un escritor es una rara especie para la que nadie estaba preparado. Las excentricidades de Robert E. Howard eran en su mayoría inocentes. Solía andar por las calles con los pantalones arremangados y un sombrero anacrónico sobre una bandana. Portaba un arma en su vehículo, y en ocasiones se entretenía boxeando con su sombra en algún callejón poco transitado. Uno de sus amigos de la infancia definió su comportamiento asegurando que Robert E. Howard creía que todos los escritores podían darse el lujo de estar un poco locos.

El escritor E. Hoffmann Price revela que Robert E. Howard estaba convencido de tener enemigos secretos. En ocasiones, una simple mirada podía desencadenar en él las más siniestras sospechas. Su único contacto fluído con otros seres humanos fue enteramente epistolar. Entre ellos podemos contar a H.P. Lovecraft y August Derleth, con quienes mantuvo una amistad sincera. Íntimamente se consideraba un fracaso, a pesar de que sus relatos se vendían muy bien, y muchas revistas pulp se mostraban interesadas en su obra.

Un mes antes de su suicidio le escribió a August Derleth:


Para los ancianos la muerte es inevitable, sin embargo a menudo siento que es un tragedia mayor que la muerte de un joven. No quiero vivir para conocer la vejez. Quiero morir cuando llegue mi tiempo, rápida y súbitamente, en el punto más alto de mis fuerzas.

(Death to the old is inevitable, and yet somehow I often feel that it is a greater tragedy than death to the young. I don't want to live to be old. I want to die when my time comes, quickly and suddenly, in the full tide of my strength).


Robert E. Howard sufría terribles pesadillas y períodos de sonambulismo. En la primavera de 1926 viajó a Brownwood para encontrarse con un amigo, el historiador Tevis Clyde Smith. En la noche Smith se despertó a causa de los gritos desgarradores de Robert E. Howard. Entró a su cuarto y lo vio luchando contra una sombra incierta y luego caer a través de los cristales de la ventana. Horas después se lo encontró vagando en la oscuridad, desconcertado. Al día siguiente solo recordó que había soñado con el titular de un periódico:


Asesino del hacha masacra a tres 
(Axe Murderer Slays Three).


En 1930 Robert E. Howard se recluyó en un hospital de Temple a causa de un malestar estomacal. Ulteriores estudios dieron cuenta de severas deformaciones físicas, que incluían algunas anomalidades en sus órganos genitales, prácticamente atrofiados. Se le diagnosticó una condición poco conocida: neurastenia sexual (sexual neurasthenia), pero los síntomas quizás se ajusten mejor a un desorden neurótico-depresivo.

Según su biógrafo Mark Finn, Robert E. Howard aprendió a ser depresivo de su madre, Hester, quien sufría de tuberculosis. Su padre, médico rural, a menudo dejaba al pequeño Howard en casa en compañía de su madre enferma, cuyos gemidos de dolor saturaban la casa y le hacían imposible conciliar el sueño.

L. Sprague de Camp recoge estas experiencias en su obra: El anotador de la ciencia ficción (The Science Fiction Handbook, 1953), y concluye que Robert E. Howard padecía una suerte de neurosis edípica por la cual sentía un odio y una devoción absolutas por su madre. Más aún, el análisis de L. Sprague de Camp va más lejos, y estudia la posibilidad de que el delirio persecutorio de Robert E. Howard esté relacionado con la ventana que unía su habitación con la de sus padres, mediante la cual podía monitorear a la enferma cuando ésta se encontraba bajo su responsabilidad.

Los testimonios de sus amigos dan cuenta de un carácter agradable, aunque melancólico. Su amigo Tevis Clyde Smith señala que Robert E. Howard manifestó sus deseos de suicidarse en octubre de 1923, cuando un compañero de clase, Roy Guthrie, decidió quitarse la vida. Este hecho lo marcó fuertemente, y desde entonces defendió la postura de los suicidas como una decisión personal que no puede ser cuestionada por terceros.

Nadie sabe con certeza si Robert E. Howard intentó suicidarse con anterioridad. Algunos hablan de dos intentos, uno en 1925 y otro en 1928, ambos a causa de eventos pueriles para la mayoría, como la muerte de su perro Patch, pero que sin dudas le causaron una terrible conmoción. En el período en el que efectivamente se suicidó, Robert E. Howard se hallaba exhausto física y mentalmente. Weird Tales le debía una suma de dinero considerable. El estado de su madre era deplorable, y debió trabajar largas jornadas para publicaciones usureras que a menudo terminaban estafándolo. Su relación con Novalyne Price había terminado abruptamente, y los pocos amigos que había logrado reunir se encontraban demasiado lejos como para apoyarlo.

En las semanas previas a su suicidio Robert E. Howard redactó instrucciones precisas sobre el destino de su obra en caso de su muerte. Escribió un testamento dando cuenta de sus escasos bienes, y tomó prestado a su antiguo compañero Lindsey Tyson un revólver Colt .380. El 10 de junio de 1936 condujo hasta Brownwood y compró un lote en el cementerio local para él y toda su familia. En la víspera de su suicidio recibió la confirmación de que la muerte de su madre era inminente. Tanto él como su padre mantuvieron una larga vigilia junto al cuerpo comatoso de Hester Howard.

En la mañana del 11 de junio Robert E. Howard le consultó a una de las enfermeras que asistían a la moribunda si su madre volvería a recuperar la conciencia aunque sea por unos instantes. Cuando esta le respondió que no, Robert E. Howard salió y condujo por un camino vecinal, tomó su revólver y se disparó en la cebeza. No murió inmediatamente. Vivió ocho horas de terrible agonía, hasta que finalmente falleció a las cuatro de la madrugada, momentos antes de que su madre también muera. Al día siguiente fue enterrado junto a ella.

Una de las personas más acongojadas por el suicidio de Robert E. Howard fue H.P. Lovecraft, amigo por correspondencia y camarada en letras, que sentía por el muchacho de Cross Plains un afecto y una admiración absolutas. Durante mucho tiempo H.P. Lovecraft mantuvo junto a su cama una copia de la nota suicida de Robert E. Howard, un extracto del poema de Viola Garvin, La casa del César (The House Of Cæsar).


Todos huyeron, todo está hecho, así que levantadme en la pira;
La fiesta ha terminado y expiran las lámparas.

(All fled, all done, so lift me on the pyre;
The feast is over and the lamps expire)




El artículo: El extraño suicidio de Robert E. Howard fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com